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Miré de reojo y seguí caminando por esa vía tan detallada que hacen los romanos llamada viae vicinales, mis ojos después solo veían para abajo ya que iba cabizbajo pensando en todas esas cruces plantadas a los costados donde estaban crucificados los cadáveres pestilentes de muchos, los cuales, ya mutilados por los cuervos y que hacían las veces de buitres para saciar su hambre, el hedor fue poco sostenible, sin embargo, tenía que seguir caminando por esa vía.

 

Crueldad absoluta, ansia de poder y darlo a conocer a quienes por alli pasan con esos actos de juicio sumario, Roma es imperio y los romanos los conquistadores, quien no estaba de acuerdo merece la peor de las muertes, la crucifixión, asi que veía esos cuerpos ya mutilados y pestilentes de las decenas de judíos que se oponían al ejército invasor de sus tierras, no podía decir nada, ya que Tiberio ( Tiberius Iulius Caesar Augustus segundo emperador romano ), podía llevarme a esa misma muerte por demás atroz y demoniaca, de esto último es particularmente puntal el adjetivo por el cual muchos imperios han sido señalados.

 

Un templado y suave viento toco mi rostro, ajuste mi pequeña capa y a la vez me incline hacia mi sandalia derecha ya que un cordón se había aflojado, por lo que tuve que agacharme para volver a apretarlo, cuando termine de hacerlo me incorpore y vi a lo lejos del lado derecho una pequeña colina como si fuera un pequeño cerrito, alli observe a tres maderos que estaban en posición vertical, uno de ellos, el del centro, un poco más alto de los dos que lo flanqueaban, lo más seguro es que se espera que alli coloquen a otros tres sentenciados a muerte por crucifixión.

 

Me acerque y subí esa colina, al llegar muy cerca de los maderos, me percate que son como troncos cortados recientemente de un árbol de olivo ya que está muy cercano el monte con bastantes arboles de esa especie, aun estos tienen la corteza encima, ya que quienes les tocaba esta tarea de removerlos, no se daban el tiempo para limpiarlos o extraerles esa capa dado que consideraban que servían para que alli murieran presos condenados, por lo que no querían ocupar tiempo ni esfuerzo para ello.

 

Aunque los árboles de olivo crecen poco más o menos 15 metros de altura, el madero del centro parece un tanto diferente, puesto que al contrario de tener el tronco torcido, como son normalmente los árboles de olivo, este seguía un patrón mucho más rectilíneo que los otros dos que si presentaban rasgos curvilíneos en su verticalidad ademas de su altura, sin embargo, los tres se veían toscos en su apariencia como ya comenté antes, los tres estaban hincados en la tierra y acuñados con la piedra caliza ( blanca ) del lugar, otra singularidad es que tenían un rebaje o ranura un poco más abajo de la parte superior del madero como para que alli se pueda trabar un madero horizontal.

 

Hacia un pequeño viento que movía con dificultad algunas hojas de los árboles cercanos y ese emitía un sonido lúgubre, el cielo se empezó a nublar con un color gris/naranja muy diferente al usual, no había muchos sonidos, no se oía ninguna ave trinar, todo estaba como en un silencio sepulcral, donde nada o poco se escucha, donde el oxígeno estuviera enrarecido con olores a descomposición carnal, este cuadro tan negro y a la vez blanco en su dicotomía parece como haciendo saber que pronto se iba a desarrollar un evento único en la historia de la humanidad.

 

Al seguir caminando colina abajo, una voz me indico el porqué de esos ruidos y entro en mí el sentimiento del enojo por la injusticia que estaban a punto de hacer, sin embargo, no hay nada que se pueda hacer asi es la voluntad de Dios Altísimo y allá a lo lejos escucho el bullicio de la gente gritar, son gritos de la muchedumbre en su perorata, que ademas de ingrata es infeliz, esa porción de personas desdichadas en su alma y espiritu en su andar por la vida, es la que está acusando con mucha perfidia aguda, con odio inconmensurable, con el alma luciferina, con lasciva doble y con sus gargantas demoniacas e infernales, la que lleva a la crucifixión a la luz profunda y eterna, misma que vino a este humanidad en forma de luz intensa transformándose en hombre y que solo trajo la Verdad, el camino y la vida...

 

Estaba a punto de ingresar al espacio donde había mucha gente, alguna riendo, otra festejando, una más cantando, a lo lejos algunos alcoholizándose, y otros en la degradación humana solo vista en la antigua Grecia, había casi de todo alli, menos piedad, ni misericordia y ni qué decir del perdón, fue como una parte de la antesala del averno, olía a excremento humano, las excretas pululaban y casi estaban en el viento contaminando aún más el ambiente, con esto, ese espacio pestilente se vivía un momento de asco indescriptible, pero no me quedo otra forma que dar un paso adelante e introducirme en esa área, escuche decir una y varias veces: ¡crucifícalo! ¡crucifícalo!, la sola palabra me decía mucho de sus almas, sin embargo, el Prefecto Romano de ese momento un tal Pilatos decidió hacerlo castigar, le ordeno a su centurión que lo flagelara para ver si asi se desinflaba los ánimos de ese turba enardecida e infestada del espiritu maligno.

 

Ese centurión, junto alguno de sus soldados ( innecesario fue desde luego ), llevaron al hijo Santísimo a otro lugar llamado por ellos como el Pretorio, una área donde había como una especie de poste de un poco más de un metro y medio de altura, donde colocaban al reo sostenido de sus muñecas en la parte superior de ese poste, lo amarraron del mismo y con una fuerza romana las apretaron tanto que se le hincharon sus dedos y las palmas, asi empezó ese injusto y desdichado flagelo, una vez pasado esto, dos soldados de forma casi descarnada y desalmada, hicieron tirar sus látigos al aire para oír su espantoso y fugaz ruido que rompe el viento cuando aquel supera la velocidad del sonido y ocurre el estallido sónico.

 

Veía todo eso y mi alma empezaba a estar desecha, pero no podía hacer nada, sabía que antes de eso ya habían pasado las horas en las que fue golpeado en el rostro, estaba hinchado en varias partes del mismo, ademas tambien los escupitajos se le veían en los cabellos, en las cejas, en los ojos, asi como los golpes en la espalda cuando le descubrieron su túnica sagrada se le vieron esos trazos violetas en moretones en varias partes, y los soldados romanos estaban en la hilaridad absoluta tal como es el proceder del mismo Lucifer.

 

Solo estaba cubierto su sagrado y santísimo cuerpo con una especie de toalla en sus partes privadas, dejando al descubierto sus poderosas piernas, mismas que, aunque fuertes, el castigo empezaba hacer mella por el esfuerzo soportado de muchas horas de estar de pie, un poco de ese temblor natural que todo cuerpo humano tiene.

 

Los látigos que vi son fulminantes, son sádicos, los flagelos eran de cuero con huesos o bolas de hierro y otros con una especie de cuchillos doblados en la punta y estos descarnaban y ponían a la vista los huesos, la carne, las venas y las arterias al margen de perder muchísima sangre y agua.

 

Escuche muy cerca el murmurar de dos mujeres que decían a la vez y al unísono ¡ déjenle en paz ¡, ¡ déjenle en paz ¡, vi a otras más a corta distancia que sus lágrimas no cesaban de parar, sus paños y sus telas que las cubren estaban más húmedas que la mar, porque no había tales que contuvieran tal cantidad de agua que destilaban sus ojos, un poco más adelante había otros varones que por su hombría sus cuerpos estaban temblando, al igual que su barbilla no dejaba de hacerlo, vi a otros que tenían apretados sus puños tan fuertes que el color rojo de la sangre se adelantaba a las venas, había alli unos jóvenes que estaban tirados al piso rogando a Yahvé que parara ese castigo cruento, hombres que aguantaban en sus ojos las lágrimas surgir y se mordían la lengua ante todo su alrededor, más a lo lejos había jovencitas que no paraban de llorar a lagrima tendida y abierta y entre todos ellos estaba la Santísima Madre del Universo viendo a su santísimo hijo que iba a ser flagelado y maltratado, más sin embargo vi que sus lágrimas son infinitas, son purísimas, son abnegadas, son humildes, son bondadosas, son generosas, son universales para todos los que ingratamente dañamos al ser purismo de Dios.

 

Sin embargo, tiene que ser asi y el flagelo empezó y a la orden del que la tiene, comienza la ejecución de esa miserable condena, esto en presencia de todos a pesar de cómo se encuentren y de quien esté en ese espacio.

 

Ûnus, duo, três , quattuor, quînque, sex, septem… vîgintî… trîgintâ … triginta novem, 39 golpes (1) recibió la espalda del Dios purísimo que ahora está abierta, descarnada, sin piel, alguno de los huesos son casi visibles, la mancha roja se extiende completamente desde la parte inferior del cráneo hasta la parte superior de los glúteos, en los brazos no se distinguen los codos, las piernas y ante piernas ellas ya no son piel, solo son una masa sanguínea, los cabellos están saturados de sangre y agua, el castigo ha sido infernal, demoniaco, satánico, sádico, pérfido, con absoluta maldad, los gritos y gemidos son únicamente de quienes alli están amando a Yashua, mas este no emitió ningún sonido desde su preciosa garganta, todo lo soporto, porque amo hasta la profundidad de los cielos que el Padre Altísimo creo desde el principio.

 

Me volque en mi estado natural humano a sentir ese amor porque la sangre que el derramo en este momento es humana y divina, imposible de comprender, fácil de ver, pero difícil observar, y este paso sanguinolento es el segundo en el camino que él nos mostró…

 

Vi a esos dos desquiciados de mente, con la boca seca, pero babeando pestilencias internas, sus manos estaban hinchadas, casi ya no podían sostener los flagelos, estaban derribados en el piso, agotados de semejante tarea inhumana, uno de ellos estaba medio incorporado como queriendo seguir el tormento cruel, pero su energía era mínima, con paso apesadumbrado se dirigía a quien comandaba a unos cuantos soldados, estaban extenuados, con un sudor putrefacto y maloliente, llenos de sangre sus brazos y sus ropas destilaba gotas de sangre salpicada, hablaban en voz entrecortada, depositaron los flagelos en una mesa donde había más de estos, uno de ellos tomo un jarrón con una bebida que tomo muy rápido con ganas de saciar su sed, era un poco roja la bebida, al parecer podría ser vino, sus ojos estaban hinchados por esfuerzo, y tenían sus globos oculares (un tanto por el esfuerzo) inyectados por la presión sanguínea que habían tenido que ejercer, temblorosos, ambos soldados se dispusieron ir a otra sala, quizá a seguir con el martirio sobre el verbo eterno, porque deseaban seguir con esta misión inicua.

 

Aquel lugar estaba bañado en sangre, había salpicaduras de sangre por doquier, unos soldados se dirigieron al pequeño poste donde estaban amarradas las manos del santísimo salvador, estas, estaban hinchadas, tanto por la presión que ejercían las cuerdas, como por el exime esfuerzo generado de su cuerpo para soportar los 39 azotes a carne viva, los soldados se dieron a la tarea de quitarle la cuerda, una mano cayo al piso cual hoja en otoño, la otra se la sostuvieron para levantarlo y asirle por la axilas y subirlo lo más derecho posible para que pudiera dar el paso adecuado, con dificultad lo pudieron hacer y con extremo esfuerzo el santísimo hijo dio los pasos lentamente que lo dirigían a otra parte del ese recinto (nadie lo podía ayudar, solo la guardia pretoriana lo tenía que hacer), una vez llegado a ese espacio, lúgubre por cierto, en un parte del mismo lo sentaron, por su agotamiento, casi total, su espalda se encorva, alli sin decir nada le siguieron insultando, escupiendo y por si fuera poco lo siguieron golpeando en su bellísimo rostro, un desdichado alli forjo una corona de espinas algunas grandes y otras de menor dimension, semejante humillación iba a recibir el hijo santísimo del creador, porque ademas otro trajo un manto morado y una caña como para mofarse de él, humillando a Yashua como Rey de los judíos, dichos objetos serían un remedo del cetro y del paludamento imperial, no se registra en la historia que algún condenado de ese tiempo se le torturara de esa manera; pero en el caso particular del divino hijo, los soldados romanos sabían que él se proclamó rey delante de Pilatos, por lo que quizá la corona de espinas pudo haber sido una cruel imitación burlesca de la corona de laurel.

 

La vista bellísima de Yashua siempre estuvo dirigida hacia abajo, por un lado, dándoles el profundo perdón a quienes lo golpearon, escupieron, insultaron y flagelaron casi hasta la muerte corpórea, porque no sabían a quién se lo estaban haciendo, por el otro, porque sabía perfectamente que quienes estaban a su alrededor en ese lacerante momento eran demonios encarnados en humanos y estos no tenían el derecho de verle de frente aun, la humildad grandísima, el más profundo y grandísimo amor son eternos en él, porque son dos sentimientos natos del Santísimo salvador.

 

El tiempo fue pasando lentamente, tenían que llevarlo con Poncio para que siguiera ese juicio perverso, la capa morada que le pusieron para burlarse de él había cambiado de color debido a que se empapo por la sangre que aun exsudaba el divino señor, solo le cambiaron de túnica, esta ropa hecha de una tela divina que había cubierto la luz del universo durante muchos años (y después los soldados se repartirían, tal como un botín de guerra) misma túnica que había sido elaborada por la preciosísima madre del universo, asi que se la pusieron y de forma por demás despreciable y despectiva, al puro estilo pretoriano romano, no importando que tenga en algunas partes de la espalda la carne viva y aun sangrando, la vileza demoniaca no se frenó, asi que no le quitaron esa corona de espinas, más al contrario, se la ajustaron y empujaron azotando la misma con una caña para que no se fuera a caer de su cabeza, algunas de esas muy filosas espinas estaban muy cerca de los ojos, a este punto, el eterno y santísimo hijo ya estaba descalzo, porque en los pies tambien tenía golpes profundos y aun sangraban, asi que dejaron que caminara sin sandalias, sus huellas fueron dejando hilos de rastros de sangre ya que adentro del palacio de Pilatos había pisos de mármol, mas no asi afuera del recinto, que una parte son de tierra y otra de piedras, lo empujaron una y otra vez hasta ponerlo frente al cobarde procurador romano.

 

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(1) Algunos creen que pudo haber recibido 39 latigazos, siguiendo la ley judía que limitaba el castigo a 40 azotes menos uno, pero fue flagelado por soldados romanos, quienes no estaban obligados a seguir esa restricción.

 

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