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La Flagelación de Cristo

Giaquinto, Corrado

Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

 

Poncio no ataba palabra congruente para dar su veredicto parcial y esto fue asi, debido a la profunda serenidad del nazareno que estaba parado frente a él y que ademas tenía la mirada vista al suelo, sin alteración alguna, por los gritos ensordecedores de la multitud que se había dado conglomerado en ese patio.

 

Con ese escenario, Pilato tenía que dar una orden de forma inmediata, dado la efervescencia que estaba creciendo en el pueblo judío y que se podría tornar en un mitin contra las fuerzas romanas, levantamiento que no podía dejar pasar, ya que el Cesar se lo había advertido y estaba su cabeza en vilo por lo que el emperador podría tomar acción rotunda contra este prefecto romano.

 

"Llévenselo y azótenlo pero no lo maten” - "Accipe eum et verbera eum sed ne occidas", dio la orden y los soldados romanos, con empujones usados por guerreros de batallas constantes, lo condujeron a otro patio donde había una columna con dos argollas, se las pusieron en las muñecas, le arrancaron y despedazaron lo que traía vestido, solo dejaron la parte inferior para cubrir sus partes íntimas, asi la espalda y las piernas estaban descubiertas listas a recibir el flagrum taxillatum que como mínimo serian 40 lanzadas de latigazos.

 

Una parte de multitud del primer patio se recorrió a este segundo patio para ver, algunos por el morbo, otros por curiosidad malévola, algunas más por tener en su alma la saña pérfida, algunos cohen cuya mirada estaba llena de odio y que enviaba la misma hacia el justiciado, y por supuesto quienes le habían seguido en su vida hermosa de paz y amor, empezando por su Santísima Madre que estaba contemplando la escena con infinito dolor.

 

Se hizo un momento donde el silencio fue tal que, se podía haber cortado el mismo con un cuchillo de doble filo.

 

Y el aire alrededor dio cuenta del sonido con el primer latigazo, este provino del soldado que estaba situado a la izquierda el flagrum, con puntas de plomo, empezó su trabajo y arranco unos pedazos de la piel de su espalda, siguió el segundo soldado, este, situado a la derecha, y el sonido estremecedor y agudo del _flagrum_ de varias puntas, aunado a la fuerza con que se imponía el latigazo, hirió en la parte contraria, la sangre salto estrepitosamente, y uno, tras otro golpe hiriente, fueron cayendo, ya unos, sobre los muslos, ya otros, sobre las piernas, los hombros, la zona renal  y donde la dirección y la fuerza con se implantaba los latigazos fuese permitida, misma fuerza que, al andar de los golpes, disminuía en los soldados romanos y se incrementaba la cantidad de sangre derramada, una parte en la columna asi como en las argollas, en los brazos, en una gran parte del piso de piedra, asi como en lo que estaba salpicada en los cuerpos de los soldados y sus uniformes, en la tela que servía para cubrir sus partes nobles, aquella fue una escena dantesca, de gran oprobio, detestable, horrible, y sobre todo llena de dolor.

 

Frente a este cuadro se encontraba la Santísima Madre del flagelado, envuelta en un dolor exacerbado, con las rodillas hincadas en el piso duro de piedra, casi a punto del desfallecimiento total, la sostenían por la derecha, Juan y por la izquierda, Magdalena, ambos también desechos de dolor de ver aquel horror y no poder hacer nada.

 

Los tres con el llanto profundo y el rostro bellísimo de la Santísima perdido en el mar de la angustia y desesperación, con sus brazos extendidos y sus manos temblorosas de dolor celestial, sus dedos estaban trémulos y vibrando fuertemente, sus labios estaban temblando al ver a su Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente hijo, sufrir una pena que no le tocaba y que el quiso hacerlo para redimir al hombre.

 

Asi los labios de la Santísima le gritaba a su hijo con esa voz firme y hermosa pero llena de dolor inaudito, “Hijo mio del ser de luz, ya termina esto”.

 

El sufrimiento aun no termina y el dolor se hace más agudo, su bellísimo corazon latía fuertemente, el palpitar del mismo, lo sentían hasta los dos discípulos que tenía a su lado, toda la ropa de la Santísima Virgen esta empapada por el esfuerzo de sufrir copiosamente, sus lágrimas, que son como océanos de amor, caían como cascadas de dolor y sufrimiento.

 

Juan y Magdalena querían levantarla y con un esfuerzo lo pudieron hacer, pero sus piernas casi no respondían, establan flácidas, sin energía para sostenerse, ya que sus brazos, de tanto tiempo de extenderlos, no contenían las fuerzas, ni la energía, asi que tambien estos caían sin fuerza, al lado de sus queridos hijos, Juan y Magdalena, estos dos, silentes ante el dolor de una madre, al ver sufrir de forma ignominiosa a su hijo, estaban por igual llenos de dolor y sufrimiento.

 

Paso el momento y termino diciendo:

“Todo está consumado” (Juan 19:30)

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46)

Hubo un instante de profundo silencio y la tierra se movió como un terremoto de grado 10 y las cortinas del templo se rasgaron…

 

La mentira, el engaño, las trampas, y el abuso de autoridad, son parte de quien es el hijo de la perdición, Montini fue uno de ellos, cuando fue secretario de estado de Pio XII y uso su poder para hacer que las Carmelitas suplantaran a Lucia dos Santos por otra monja, dado que Lucia había fallecido en el año de 1949, según obituario de las mismas monjas Carmelitas aparecido en el año del 2005 y borrado el mismo, en el año de 2006.

 

Esto lo hizo, debido a que, la petición de la Santísima Virgen debía de hacerse saber al mundo la profecía de Fátima, ya sea en el año de 1960, o al fallecimiento de Lucia, como este fue en el año de 1949, Montini que sabía de esa petición y desde luego el secreto, lo mantuvo resguardado, ya que la misma profecía no le era conveniente al vaticano según Montini.

 

Alrededor del año de 1967, Montini se dio cuenta de que la monja que había suplantado a Sor Lucia (ella murió en articulo mortis para profesar como Carmelita), fue muy dicharachera y por demás boquifloja, razón por cual volvió a suplantarla esta vez por una que murió en el año de 2005, y que JPII y BXVI (sin saber la verdad completa) la acompañaran en varias ocasiones.

 

La cuarta parte del secreto de Fátima está en una pequeña hoja de 66 líneas, resguardada en los archivos del Vaticano, pero expresamente se menciona el mismo sobre la apostasía de la iglesia que ahora se tiene con ese señor que se viste de blanco y trae el solideo indebido ya que como hereje fue el mismo excomulgado por la iglesia católica.

 

Y a propósito de este personaje, llevo al altar en el año 2014 en el rango de beatificación y tan solo 4 años después, en el 2018 canonizo a Paulo VI siendo este procomunista, pro ecuménico, y demás.

 

A final este rito es invalido, dado que todo lo que hizo cuando todavía se encontraba en mejor salud nada es válido, incluyendo lo que hizo con JXXIII.

 

Los papas validos a la muerte de JXXIII son: Paulo VI, JPII, BXVI, esta información se encuentra en uno de los mensajes a Conchita por la Santísima Virgen en Garabandal.

 

La cuarta parte que aún no se ha mencionado oficialmente...

 

 

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