

Entre 1983 y 1988, Chile se conmovió ante las presuntas apariciones de la Virgen María en el cerro El Membrillar de Peñablanca, que posteriormente ―según Poblete, a pedido de la Virgen María― pasó a denominarse Monte Carmelo.
Los primeros en tener noticia de las «visiones» de Miguel Ángel Poblete fueron los vecinos del lugar. Con el correr de los días la noticia fue divulgada por los medios de comunicación, lo que permitió que miles de personas de todos los puntos del país acudieran al lugar.
Se estima que el 29 de septiembre de 1983 concurrieron unas 100 000 personas.
Las apariciones marianas, que entre 1983 y 1988 fueron alrededor de 500, se producían en diferentes días y horas incluso de la noche. La mayoría tuvieron lugar en el monte, otras en otras localidades tales como Ocoa, Quilpué, incluso fuera de Chile en Nueva York, Roma y algunas en hogares particulares de Quilpué y Santiago.
Los éxtasis de Poblete ocurrían junto un olivo donde él afirmaba que se le presentaba la Virgen María, a veces se desplazaba por diferentes partes del cerro «siguiendo a la visión» de forma similar a lo observado en las niñas de Garabandal, en España durante la década de 1960.
Caía bruscamente de rodillas o curvaba su espalda, posición difícil para él debido a la lesión sufrida al volcarse el bus donde viajaba junto a otros menores de uno de los hogares donde vivió. Podía levantar a personas de gran peso para que fuesen bendecidas por la Virgen; sostuvo una vela cuya llama le lamía el mentón o al clavarle alfileres en su piel no manifestaba molestia alguna o al frotar ramas de espino.
Transmitía en éxtasis mensajes en idiomas que no conocía, incluso en dialectos como el patois, propio de la región montañosa de Francia donde se ubica el santuario de Lourdes.
Dice nuestra Madre: «Si el pueblo chileno insiste en la violencia, vendrán días muy amargos. El marxismo está construyendo una torre y tratan [sic, por «trata»] de llevar muchas almas a la perdición.
En ocasiones abría la boca para recibir la comunión que se materializó en su lengua, incluso con manchas o cruces de sangre, fenómeno registrado por las cámaras fotográficas de numerosos testigos.
En 1984, aparecían repentinamente heridas en el cuero cabelludo de Miguel Ángel, como la corona de espinas de Jesucristo según los descubrimientos realizados a partir de la Sábana Santa de Turín. Estas heridas Varios médicos revisaron las heridas, dos de ellos dermatólogos: Alan Rojas Canala (docente de Dermatología en la Universidad de Chile) y Carla Hieber (profesional alemana radicada en Chile quien tuvo oportunidad de conocer en su país a la estigmatizada Teresa Neumann [1898‑1962] .
El sacerdote Fernández desacreditó ante medios de comunicación ambos fenómenos explicando que las comuniones no eran sino redondelas de plástico, y los estigmas eran globitos con pintura que se reventaban al dar al joven golpecitos en su cabeza. Sin embargo, en el programa de televisión Alfombra roja de Canal 13 al ser confrontado por el periodista de la localidad de Limache José Molina Briones, reconoció que al ocurrir ambos sucesos ya había abandonado la investigación y trasladado a Ecuador, por lo tanto no pudo verificar su autenticidad.
Igualmente se observaron fenómenos tales como
Los mensajes que Miguel aseguraba recibir de la Virgen, Jesús y los ángeles trataban sobre la vida cristiana, el sacerdocio y la oración. Hubo mensajes dirigidos a Chile y al mundo.
Para propiciar la construcción de un santuario en el cerro en abril de 1985, tres devotos de la aparición ―Alejandro Cifuentes (ingeniero civil), Alan Rojas (médico dermatólogo), Álvaro Barros (arquitecto) y Jorge Aravena Toledo (contador)― que anteriormente no se conocían pero que asistían desde los inicios a las apariciones fundaron la Fundación Montecarmelo.
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