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La Asunción de la Santisima Virgen

Annibale Carracci - Bolonia (Italia), 1560 - Roma, 1609

1588 - 1590. Óleo sobre lienzo, 130 x 97 cm - Museo del Prado

 

 

En esa habitación se abrió un espacio idílico, único, místico, espiritual, quienes alli estaban y que observaban el momento, no sabían explicarlo, y no fueron muchos, entre ellos Juan, Maria Magdalena y otros pocos.

 

Todo se detuvo, el tiempo, el aire, el viento, los sonidos, los movimientos, absolutamente todo quedo inerte, momento que nadie podría explicarlo ni con las más rebuscadas palabras terrenales, aun si no se pudiera respirar, ni el oxígeno podría moverse a través de los átomos o de los sub-atomos que componen el vital gas .

 

En cambio, cuando aquel, por demás misterioso momento y espacio para quienes allí lo estaban presenciando, produjo lo más sublime de los tonos celestiales, los aromas más profundos del universo, los colores mas intensos, no supieron que hacer o que decir, porque estaban a punto de ser testigos de un tiempo del Kairós divino, un momento celestial, un momento trascendental que el mundo jamás habría tenido, ni tendrá nunca más.

 

La Santísima, se habría quedado dormida en aquel día, y con ello, su divino hijo fue por ella, la ascendió a los cielos rodeada con los ángeles de los ocho cielos con el cuerpo completo, que incluye a su alma eterna y su purísimo espiritu.

 

Fue un arrebatamiento de lo terrenal a lo divino casi de forma inmediata, como un suspiro y en un instante, paso de ser parte de la tierra, a los cielos infinitos ya preparados para ella.

 

Todos los presentes están maravillados por tal prodigio, por tanto poder, por tanta gloria, no lo estaban pudiendo creer, pero asi fue.

 

Los cantos, los aromas, los colores intensos quedaron un tiempo en la mente, en el alma y el espiritu de los allegados…

 

Studio 2026 - Mejico

 

La Asunción del Greco

 

A mediados de 1577, recién llegado a España, el Greco obtuvo los dos encargos más importantes de su carrera hasta la fecha: El Expolio para la catedral de Toledo y los tres retablos del monasterio de monjas cistercienses de Santo Domingo el Antiguo, uno de los cenobios más antiguos de la ciudad. 

Para este último encargo, el Greco realizó para el altar mayor una poderosa estructura retablística cuyos lienzos se encuentran hoy dispersos, y se encargó asimismo de los dos altares laterales. 

La Asunción es la obra central del retablo, donde se representa la ascensión de María a los cielos auxiliada por un grupo de ángeles, La Virgen se sitúa sobre el creciente de luna, alzándose sobre la tumba abierta en torno a la cual se agrupan los apóstoles, revestidos de quietud y con gestos mesurados. Fue esta seguramente la primera tela realizada por el Greco para el conjunto monástico y probablemente también en suelo español. Quizá por ello es la única de su producción en la que se incluye la fecha: 1577, el año en que llegó a España.